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Rick Falkvinge y la libertad de culto

Rick Falkvinge fue un pionero. Pionero del Partido Pirata en el Parlamento Europeo, y defensor de muchas cosas interesantes en tanto a las libertades y derechos en Internet.

Sin embargo, como suele pasar, se equivoca en cuanto empieza a hablar de “los problemas de la religión”. En un artículo suyo, Rick aboga por la supresión de la libertad de culto, ya que considera que los derechos que inicialmente amparaba esta libertad están ya más que protegidos por las libertades de opinión y expresión.

Hay que decir que tiene razón en unas cosas, como en que el mal uso que se le da a la “libertad de culto” ha llevado a una nueva serie de persecuciones. Pero estas persecuciones ya no las realiza el Estado como cuando te quemaban por hereje, si no que algunos grupos usan la fuerza coercitiva del Estado para lograr imponer sus puntos de vista.

Entonces, el problema no es que unos quieran “convencer” a otros de sus puntos de vista u opiniones, siempre y cuando se haga dentro del imperio de la ley y sin usar absolutamente ningún medio de coerción. El problema es que se usan medios coercitivos basados en legislación existente.

Para mi está muy claro: si debe existir la libertad de culto, debe haber las mínimas leyes necesarias (y con una sola ley bien hecha basta) para garantizar que cada individuo pueda creer, pensar y practicar su religión de forma libre y sin peligro para su persona o propiedad.

Pero como decía, Falkvinge y la mayoría de monoteístas del No-dios o del dios-ciencia confunden “libertad de culto” con “libertad de opinión”. En temas religiosos, yo puedo opinar o creer, una serie de cosas. Y eso no me pone en ninguna situación ‘delicada’: mientras me calle esas opiniones y creencias y las deje en casa, no habrá ningún problema.

El tema es que si mi religión difiere de la religión mayoritaria del sitio en el que me hallo, la libertad de culto me permitirá desde ejercer cualquier profesión o acceder a cualquier cargo público, hasta salir de mi casa sin miedo a ser atacado en plena calle, o sin miedo de que me encierren en el lugar donde me reúno con mis compañeros, atranquen las puertas y le prendan fuego al edificio.

No permitir que alguien que piensa diferente a mi ejerza de médico, o pueda presentarse a unas elecciones, y hasta prender fuego a un edificio, puede ser una cosa defendible usando la libertad de expresión o de opinión.

Para terminar, me gustaría hacer un repaso a la lista que Falkvinge muestra como claros ejemplos de los abusos de la libertad religiosa:

  • ¿Empresarios que niegan seguro médico a mujeres usando la fuerza del gobierno? El gobierno debe ser garante que todos sus ciudadanos sean iguales. Ergo, el empresario debe adaptarse y las mujeres debieran atacar la coerción del Estado que les discrimina.
  • Empleados que no quieren estrechar la mano a una mujer, ya sea cliente o compañera en el trabajo: De la misma forma que Falkvinge defiende que yo no tengo derecho a forzar a nadie a escuchar mis opiniones, nadie tiene derecho a forzar a nadie a saludar a un tercero.
  • Enfermeras abortistas que se niegan a realizar su trabajo: el empresario debiera disciplinarlas por negarse a realizar las funciones que tienen estipuladas por contrato. Eso y/o que cambien de trabajo. En el caso de clientas, pueden escoger otra clínica.
  • Personas que rehúsan según que empleo: Estoy con Falkvinge en que pierden su derecho a pensión.
  • Los temas de ‘procedimientos de higiene en la comida’, es claramente una alusión a la comida kosher/halal. Falkvinge muestra aquí su careta de estatista prohibicionista que se inmiscuye en mis derechos a comer lo que yo considere adecuado para mi. ¿Puede alguien prohibir el hecho de comer yogures caducados? ¿Puedo yo, un mediterráneo, prohibirle comer arenques en estado de putrefacción a un nórdico? ¿Es válido que alguien decida que y como debe comer el resto de personas mediante coerción?
  • Profesores que no permiten que sus alumnos examinen la información: El problema existe si esos alumnos, o sus padres, no tienen otra alternativa y están forzados a ir a ese colegio con ese profesor. Con un sistema libre, o se fuerza al profesor a cumplir las normas de la escuela, o simplemente uno se busca una escuela acorde con su forma de pensar.
  • Padres que hacen lo mismo del punto anterior a sus hijos. ¿Qué derecho tiene Rick Falkvinge a inmiscuirse en el modo que tienen unos padres de educar a sus hijos? ¿Quien decide cómo educar a los niños? ¿En base a qué? ¿Según los criterios de quien? La educación se da en casa. Y como anotación, un niño NO es un ciudadano hasta que cumple la mayoría de edad.
  • Mutilación genital masculina/femenina: es una alusión directa a la ablación del clítoris y a la circunsición. En tanto a la ablación de clítoris en niñas, la práctica causa una problemática extremadamente grave, física y psicológica, en las niñas que la sufren y debe ser perseguida y castigada en aquellos países que así lo decidan. Sin embargo, la circuncisión no es equiparable ni por asomo, ya que no se extirpa el glande al niño, si no que se retira el prepucio. Esta práctica cuenta con estudios científicos, de los que tanto gustan a Falkvinge, que demuestran sus consecuencias positivas.

Y si, la lista continua y podríamos seguir hasta el infinito y más allá. Cierto que la libertad religiosa nunca debe suponer que alguien quede al margen de la ley y pueda hacer lo que se le venga en gana. Pero libertad religiosa o de culto no es simplemente libertad de pensamiento, opinión o expresión, es mucho más.

Rick Falkvinge, como todos los adoradores del No-dios y del dios de la Ciencia, forman parte de una corriente monoteísta ciertamente peligrosa según sus propios estándares: consideran que los que no piensen como ellos están equivocados y necesitan ser redimidos. Necesitan dejar sus viejas y equivocadas creencias y abrazar su verdad. La historia demuestra que, casi siempre, tras ese pensamiento pensamiento inicial se construyen hogueras.

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Más sobre la interpretación helenística de conceptos hebraicos

En el último artículo comentaba la influencia que tuvo el helenismo en la surgida del cristianismo.

Hoy, disfrutando de la intervención del Rabino Lord Jonathan Sacks en la NYU hablando de diversidad religiosa, llegué al minuto 36:50, en que el Rav comenta la no validez, dentro del judaísmo, del “principio de no contradicción”, por el que una afirmación y su contraria no pueden ser ciertas.

Comenta que Jan Assmann, en su libro “La distinción mosaica: el precio del monoteísmo” (que por cierto también estoy leyendo), atribuye al monoteísmo la introducción de la intolerancia en el mundo, más concretamente a Moisés, que de alguna forma introdujo el principio de no contradicción en el mundo, distinguiendo entre el Dios verdadero y los falsos dioses: si mi Dios es el Di-s verdadero, el tuyo tiene que ser falso.

Para Sacks, esa afirmación es peligrosamente equivocada, ya que el principio de no contradicción no entró en la vida religiosa ni con Abraham, ni con Moisés ni con el judaísmo ni con la llegada del cristianismo, si no que lo hizo cuando conceptos hebreos de lenguaje, conocimiento o verdad llegaron a la civilización occidental, no en su forma original (hebreo) si no en su traducción griega, una lengua para la que no están hechos.

El griego es la lengua ideal para la filosofía y la ciencia, pero no lo es en absoluto para expresar los valores y conceptos religiosos centrales para la Torá hebrea, ni del cristianismo ni del islam, ya que estos conceptos no tienen nada que ver con la ciencia ni la filosofía ni con la verdad descriptiva.

A partir de este momento, la charla de Sacks se transforma en un bellísimo alegato de defensa de la unicidad de Di-s, del mismo Di-s al que todos rezamos, aunque de forma diferente, y en la negación total y categórica de la exclusividad religiosa.

Sólo en la traducción griega, el monoteísmo se convierte en “un solo Dios significa una sola verdad, una sola forma de ser”.

Véanlo, vale mucho la pena.