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Nueva adquisición: Guía de perplejos

perplejosAl fin hoy llegó mi nueva adquisición para la biblioteca. Es la Guia de Perplejos, o Guía para descarriados, de Rabbí Moshé ben Maimon, también conocido como Maimónides o el RamBam.

Esta guía está destinada a aquellos que, aún poseyendo espíritu religioso y estar versados en la filosofía y ciencia verdaderas (se entiende que de la época), se encuentren con dudas o desorientados.

De la sinopsis del mismo libro,

la Guía de perplejos, verdadera suma teológico-filosófica del judaísmo, el lector descubrirá una innovadora exégesis de la Torá, conocerá críticamente las principales teorías aristotélicas, podrá valorar por sí mismo la viva polémica del autor con los teólogos islámicos, y recibirá una preciosa información de primera mano sobre el desarrollo científico, especialmente de la astronomía, en la Edad Media. Con razón, la Guía de perplejos ha sido considerada por los estudiosos como la obra cumbre del pensamiento judío medieval.

Ya publiqué un fragmento hace unas semanas. Éste es un libro para leer con cariño.

De la fe

Graba bien en tu pensamiento, mientras lees el presente Tratado, que yo no entiendo por “fe” la mera declaración que pronuncian los labios, sino algo que aprehende el alma, una convicción de que un objeto o creencia es exactamente tal como el alma lo ha aprehendido. Hallarás no pocas gentes ignorantes que profesan artículos de fe, sin que respondan a idea alguna en ellos.

Cuantos creen que Di-s es uno, y declaran empero que tiene muchos atributos, pronuncian Su unidad con los labios, y afirman Su pluralidad con el pensamiento. Así la doctrina de los cristianos, que dicen que Di-s es Uno y Trino, y que los Tres son Uno. Parecida es la creencia de los que dicen ser Di-s uno, pero con muchos atributos; y que Sus atributos son uno con Él, negando empero la corporeidad y afirmando Su absoluto desligamiento de la materia, como si bastara encontrar juegos de palabras, en vez de fundamentos de creencia.

Tu, renuncia a tus deseos y hábitos, sigue a tu razón, estudia cuanto voy a decirte en los capítulos que siguen, acerca de la necesidad de rechazar los atributos de Di-s, y, entonces, te convencerás plenamente de lo que he dicho, y serás de los que verdaderamente conciben la unidad de Di-s. No como aquellos que proclaman con los labios y la niegan con el pensamiento.

Capítulo L de la “Guia para perplejos” del Rabí Moshe ben Maimon.

Más sobre la interpretación helenística de conceptos hebraicos

En el último artículo comentaba la influencia que tuvo el helenismo en la surgida del cristianismo.

Hoy, disfrutando de la intervención del Rabino Lord Jonathan Sacks en la NYU hablando de diversidad religiosa, llegué al minuto 36:50, en que el Rav comenta la no validez, dentro del judaísmo, del “principio de no contradicción”, por el que una afirmación y su contraria no pueden ser ciertas.

Comenta que Jan Assmann, en su libro “La distinción mosaica: el precio del monoteísmo” (que por cierto también estoy leyendo), atribuye al monoteísmo la introducción de la intolerancia en el mundo, más concretamente a Moisés, que de alguna forma introdujo el principio de no contradicción en el mundo, distinguiendo entre el Dios verdadero y los falsos dioses: si mi Dios es el Di-s verdadero, el tuyo tiene que ser falso.

Para Sacks, esa afirmación es peligrosamente equivocada, ya que el principio de no contradicción no entró en la vida religiosa ni con Abraham, ni con Moisés ni con el judaísmo ni con la llegada del cristianismo, si no que lo hizo cuando conceptos hebreos de lenguaje, conocimiento o verdad llegaron a la civilización occidental, no en su forma original (hebreo) si no en su traducción griega, una lengua para la que no están hechos.

El griego es la lengua ideal para la filosofía y la ciencia, pero no lo es en absoluto para expresar los valores y conceptos religiosos centrales para la Torá hebrea, ni del cristianismo ni del islam, ya que estos conceptos no tienen nada que ver con la ciencia ni la filosofía ni con la verdad descriptiva.

A partir de este momento, la charla de Sacks se transforma en un bellísimo alegato de defensa de la unicidad de Di-s, del mismo Di-s al que todos rezamos, aunque de forma diferente, y en la negación total y categórica de la exclusividad religiosa.

Sólo en la traducción griega, el monoteísmo se convierte en “un solo Dios significa una sola verdad, una sola forma de ser”.

Véanlo, vale mucho la pena.

Más de la Respuesta a Job

Sigo leyendo la Respuesta a Job de Jung. Y acabo de tener un momento muy divertido. Empezó hace un par de días, viendo el documental en dos partes Bible Hunters, donde se habla de la carrera realizada a finales del siglo XIX e inicios del XX para corroborar que las palabras de la Biblia (o mejor dicho, el Nuevo Testamento) son realmente la palabra de Di-s.

En la segunda parte, se explica, muy por encima, eso si, el proceso de selección entre los muchos y variados ‘evangelios’ que se escribieron años después de la muerte de Cristo. En esa selección tuvo mucha mano Atanasio de Alejandria, Obispo de esa ciudad y posteriormente Doctor de la Iglesia.

Atanasio fue el principal defensor de la trinidad frente a los arianos (que defendían que Cristo era de una ‘sustancia’ diferente de Di-s). Helenista convencido, dominaba el griego y su conocimiento de la Torá (o del “Antiguo Testamento”) se limitaba a la Septuaginta, una traducción de la Torá al griego.

La tradición helena siempre fue “algo” misogina. El mismo Aristóteles decía que las mujeres eran simplemente inferiores a los hombres, aunque diferentes a los esclavos (¡menos mal!). De los griegos sale esa esperanza de la perfección, solamente alcanzable en una relación entre dos hombres.

Que cabe esperar entonces de la adaptación de la religión judía por parte de helénicos convertidos, como Atanasio o Pablo de Tarso, judío helenizado que no sólo tuvo la visión que los 613 mandamientos del judaísmo eran demasiados (o demasiado duros) para cumplirlos, y por lo tanto no tenía sentido seguirlos, sino que se atrevió a cuestionar a los mismísimos compañeros de Cristo en sus creencias, acusándoles precisamente de ser judíos (!!??).

Así tenemos una corriente claramente misógina, como dice Jung cuando habla de qué pasaría si ‘desmitologizamos’ a Cristo:

Este intento racionalista aniquilaría todo el misterio de la personalidad de Cristo, lo que sobreviviría a éste intento no sería ya el nacimiento y destino de un dios en el tiempo, sino simplemente un maestro religioso sobre el cual no hay testigos históricos demasiado serios, un reformador judío, que ha sido interpretado a la manera helenística, y con eso falseado, es decir, una espécie de Pitágoras, de Buddha o de Mohammed, pero de ningún modo un hijo de Di-s o un dios encarnado.

Y eso es lo que es Cristo sin la interpretación helenística, sin el Christós. Sin la traducción e interpretación que da la vuelta completamente al significado de Masiach, sólo queda un spin-off aguado del judaísmo, un judaísmo sin judaísmo, proclamado por filohelenos y, como el helenismo, con la visión de “enseñar al que no sabe”, de transmitir la verdad ilustrada a las hordas de bárbaros ignorantes.

Lo que ignoraron, ¿deliberadamente? Pablo y los que le sucedieron, además de los 613 mandamientos, es que la tradición judía es bastante tajante en tanto a la identidad del Masiach, así como en la definición de los falsos profetas. Pero esto es otro tema.

Conocimiento y juventud

Dice Rabbi Moshé ben Maimon en su Guía de Perplejos, hablando las razones que aconsejan no empezar la instrucción por las verdades metafísicas,

Por eso no aconsejamos que se dé este manjar a los jóvenes; más aún son incapaces de asimilarlo, a causa del hervor de su sangre y de la llama de la juventud que turba sus entendimientos. Antes, habrá de desaparecer ese calor que provoca todo el desorden, y los jóvenes habrán de hacerse sesudos y morigerados varones, humildes de corazón, y dueños de su temperamento, porque sólo entonces podrán llegar al altísimo grado de percepción de Di-s.

Este tipo de párrafos sólo se empiezan a poder comprender (y con reservas) cuando uno empieza a hacerse sesudo, morigerado, humilde de corazón y dueño de su propio temperamento. Por algo será…

El problema II

Viendo Haredi: The Ultra orthodox society in Israel quería hacer una actualización al último artículo sobre fundamentalismos, pero aunque breve, creo que el comentario se merece uno post a parte.

Los Haredis son, como se indica en el título del documental, parte del sector ultra-ortodoxo del judaísmo. Pero dentro de éste sector, aún hay sub-ramas que, por ejemplo, se declaran anti-sionistas y no reconocen el Estado de Israel por considerarlo un atentado contra la voluntad Divina.

Boicotean elecciones y demás, mientras reclaman una vuelta a la visión ‘literal’ de la Torá. Una visión literal de los puntos que les interesan. Para saber esos puntos, los hombres se pasan toda la vida estudiando la Torá. Una familia haredí cuenta con unos 10 hijos. Esos 10 hijos, y el padre en la mayoría de los casos, dependen de la madre, a la que estos ultra-ortodoxos ven como un apoyo y sustento para que su marido pueda estudiar.

Así que mientras el padre se dedica a procrear y a estudiar, las madres, jóvenes que con 28 años ya van por el décimo pequeño, tienen que criar a los hijos y mantener a la familia, ya que a su marido no le pasa por la cabeza la más mínima idea de conseguir un trabajo remunerado para dar de comer a sus hijos, obviando así Bereshit (Génesis) 3:19 en toda su vida de estudio. Obviando ser un buen padre y un buen esposo también forma parte de servir a Di-s.

Por eso gran parte de los haredis viven en la pobreza y dependen exclusivamente de ayudas sociales y diferentes subsidios públicos para poder comer o conseguir cosas básicas como ropa para vestirse.

El problema es que estas personas están decididas a proteger todo ese sistema. El problema está en que estas personas no sólo creen esto a ciegas, si no que luchan para imponer esas creencias al resto de ciudadanos, unos ciudadanos que les mantienen pagando impuestos, y que ven que esos ultra-ortodoxos atacan y muerden a la mano que les da de comer e intentan construir muros y más muros para separar: separar hombres de mujeres; separar el mundo exterior de la comunidad…

El problema es que cuando tus puntos de vista, ideas y mundo solamente se sostienen con la ayuda de muros que te separan del exterior, es porque tienen demasiados fallos.