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Cuenta tus bendiciones y empieza a cambiar tu vida, de Jonathan Sacks

Jonathan Sacks fue hasta hace unos meses el Gran Rabino para el Reino Unido y la Commonwealth. Ya he comentado alguna cosa suya aquí.

Para el inicio del año nuevo gregoriano, Sacks lanza la pregunta típica de los propósitos para el año, y da diez ideas que traduzco de forma libre a continuación.

  1. Da gracias. Una vez al día tómate un tiempo de tranquilidad para sentir gratitud por lo que tienes, no impaciencia por lo que no tienes. Sólo haciendo esto estarás a medio camino hacia la felicidad. Ya tenemos la mayoría de ingredientes para una vida feliz. Sólo que los damos por sentados y nos concentramos en los apetitos no satisfechos, en deseos no cumplidos. Dar gracias es mejor que ir de compras — y también más barato.
  2. Felicita. Sorprende a alguien cuando esté haciendo algo correcto y díselo. La mayoría de la gente, la mayor parte del tiempo, no son valorados. Ser reconocido, recibir agradecimiento y ser felicitado por otra persona es una de las cosas más poderosas que nos pueden suceder. Por eso, no esperes a que alguien más lo haga por ti: hazlo tu por otro. Le alegrarás el día, y eso ayudará a alegrar el tuyo.
  3. Pasa tiempo con tu familia. Asegúrate que al menos una vez por semana os sentéis para comer juntos sin distracciones — sin televisión, ni teléfono, ni correo electrónico, sólamente estando juntos y celebrando la compañía del otro. Los matrimonios felices y sanos necesitan tiempo y dedicación.
  4. Descubre significado. Tómate un tiempo, de vez en cuando, para preguntar: “¿Por qué estoy aquí? ¿Qué es lo que espero conseguir? ¿Cómo puedo usar mis dones? ¿Qué me gustaría que dijeran sobre mí cuando ya no esté aquí?” Encontrar el significado es esencial para una vida completa — ¿y cómo puedes encontrarlo si nunca lo buscas? Si no sabes dónde quieres estar, nunca vas a llegar ahí, por muy rápido que corras.
  5. Vive tus valores. La mayoría de nosotros cree en ideales elevados, pero solo actuamos de forma esporádica. Lo mejor es establecer hábitos que nos lleven a actuar y trabajar sobre esos ideales de forma diaria. A esto se le llama ritual, y es lo que las religiones recuerdan pero a menudo olvidan los eticistas.
  6. Perdona. Éste es el equivalente emocional a perder peso. La vida es muy corta para el resentimiento y buscar venganza. Perdonar a alguien es bueno para ellos pero aún mejor para tu. Lo malo ya sucedió. No mejorará aunque habites en ello. Déjalo ir. Avanza.
  7. Sigue aprendiendo. Yo lo aprendí de Florence en Newcastle, a quien vi por última vez el día en que celebraba su 105 aniversario. Estaba aún llena de energía y diversión. “¿Cual es el secreto?” le pregunté. “Nunca tengas miedo de aprender algo nuevo,” dijo ella. Entonces me di cuenta que si estás dispuesto a aprender, puedes tener 105 años y ser aún joven. Si no lo estás, puedes ser un anciano con 25 años.
  8. Aprende a escuchar. A menudo en las conversaciones pasamos media hora pensando en qué vamos a decir a continuación en vez de estar prestando atención a lo que dice la otra persona. Escuchar es uno de los mayores regalos que podemos dar a alguien. Significa que estamos abiertos a él, que nos lo tomamos en serio y que aceptamos el regalo de sus palabras.
  9. Crea momentos de silencio en el alma. Libérate, aunque sólo sean cinco minutos al día, de la tiranía de la tecnología, el teléfono móvil, el ordenador portátil y todos los demás intrusos electrónicos, y simplemente inhala el aire embriagador de la existencia, el júbilo de vivir.
  10. Transforma el sufrimiento. Cuando pasan cosas malas, usalas para sensibilizarte con el dolor de los demás. La gente más grande que conozco — gente que ha sobrevivido tragedias y han salido reforzadas — no se preguntan “¿Quien me ha hecho esto?” En vez de esto, preguntaron “¿Que es lo que esto me permite hacer que no podría haber hecho antes?” Ellos rehusaron convertirse en víctimas de la circunstancia. En lugar de eso, se convirtieron en agentes de la esperanza.

Muchas de estas acciones son, por supuesto, elementos integrales de una vida religiosa, que puede ser por lo que muchos estudios han demostrado que aquellos que practican una fe religiosa tienden a vivir más, tienen niveles de estrés más bajos y muestran un grado mayor de bienestar que los demás. No es accidental. Las grandes religiones son nuestro más rico tesoro de sabiduría cuando se trata de la pregunta de cómo vivir mejor una vida.

La vida está llena de bendiciones para malgastar tiempo y atención en sustitutivos artificiales. Vive, da, perdona, celebra y felicita: éstos son aún las mejores formas de hacer una bendición sobre la vida, y por ello de convertir la vida en una bendición.

Artículo original en rabbisacks.org.

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